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El poder de la aceptación y el rechazo.

Un segundo elemento del amor emocional es sentir aceptación de los padres. Un adolescente de catorce años dijo: “La cosa que más me gusta de mis padres es que me aceptan por lo que soy. No tratan de que sea como mi hermana mayo”. Este adolescente se siente amado, y ese amor proviene de la aceptación de los padres.

“Mis padres me quieren. Estoy bien”. Estos con los mensajes que se reproducen en la mente del joven que se siente aceptado. Lo opuesto a la aceptación es el rechazo. Sus mensajes son: “no me quieres. No soy lo suficientemente bueno para ellos. Les gustaría que fuera diferente”. Es obvio que el hijo que se siente rechazado no se siente amado.

Aceptación del joven… corrección del comportamiento.

Muchos padres creen que es malo mostrar una aceptación total, pues no están de acuerdo con su conducta y comportamiento, permíteme aclarar nuestra meta al utilizar una ilustración teológica.

Pablo, un apóstol de la fe cristiana, dijo de Dios: “Nos hizo aceptos en el Amado”. Aludía a la doctrina cristiana central que Dios, que es santo, nos aceptó a nosotros, que no somos santos, porque Él nos ve como una parte de sí mismo debido a que aceptó a su Hijo, el Amado. Dado que nosotros aceptamos a su Hijo, Dios nos aceptó a nosotros. La idea de Pablo es que, a pesar de que Dios no siempre le complace nuestra conducta, siempre está complacido con nosotros porque somos sus hijos. Como padres, esto es lo que tratamos de hacer.

El amor incondicional dice: “Te amo, me preocupo por ti. Estoy comprometido contigo porque eres mi hijo. No siempre me gusta lo que haces, pero siempre te amo y me preocupo por tu bienestar. Tu eres mi hijo o hija y nunca te rechazaré. Siempre estaré aquí haciendo lo que crea que es lo mejor para ti. Te amaré a pesar de todo.

Tu pre y adolescente necesita escuchar que lo aceptas aun cuando no apruebes su conducta.

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